ACTUACIONES DESDE LA FARMACIA COMUNITARIA FRENTE AL SIDA. EL PAPEL DEL FARMACÉUTIC@
ARTICULO PUBLICADO EN LA REVISTA “FARMACÉUTICOS” (Ruiz J, Arco del J. Actuaciones desde la farmacia comunitaria frente al sida. El papel del farmacéutico/a. Farmacéuticos 1996;(197s):12-8).
ACTUACIONES DESDE LA FARMACIA
COMUNITARIA FRENTE AL SIDA.
EL PAPEL DEL FARMACEUTICO/A
La farmacia comunitaria es el establecimiento sanitario más próximo y accesible para la mayoría de los usuarios. Esta circustancia coloca a los/as farmacéuticos/as en la primera línea de actuación en aspectos socialmente tan relevantes como la educación sanitaria o la prevención de las enfermedades, especialmente las transmisibles, todo esto quiere decir que el farmacéutico/a es un profesional sanitario clave en cualquier sistema de salud, siempre y cuando desarrolle adecuadamente su labor.
Tanto la educación sanitaria como la participación en el control de las vías de transmisión cobran especial relevancia en el SIDA, por lo que la intervención del farmacéutico comunitario es de vital importancia para la sociedad.
Todavía hoy en nuestro país el colectivo más afectado por esta enfermedad y a la vez por tanto su principal reservorio son los Usuarios de Drogas por Vía Parenteral (UDVP). Cualquier actuación encaminada a detener o retrasar la difusión del VIH tendrá necesariamente que contemplar una intervención en este colectivo.
Dadas las especiales características de este grupo de personas, tiene aún mayor interés la intervención de profesionales sanitarios bien cualificados, próximos a ellos y de fácil accesibilidad. Como ya hemos mencionado anteriormente, los farmacéuticos comunitarios cumplimos estos requisitos. Mediante este artículo pretendemos demostrar que nuestra participación es posible y su impacto altamente positivo.
1 - ¿ QUE PERCEPCION TENEMOS DEL UDVP ?
Antes de plantearnos nuestra actuación con cualquier paciente, es importante analizar qué percepción tenemos de él. Las ideas preconcebidas condicionarán en gran manera nuestro trabajo y pueden incluso comprometer gravemente los resultados del mismo. Todos sabemos que los UDVP tienen una determinada imagen social: delincuentes, maleantes, irresponsables, etc. Esta percepción lleva a muchas personas e incluso a algunos profesionales sanitarios a un rechazo sistemático de todos los miembros de este colectivo.
Este rechazo global resulta injusto, como cualquier generalización, pero es especialmente grave si supone la denegación de la asistencia a un paciente por parte de un profesional sanitario. Con ser grave, no es éste, dada su escasa frecuencia, el principal problema al que nos enfrentamos. Mayor importancia tiene que no seamos capaces de romper el molde que, nosotros mismos, debido a nuestros prejuicios, nos hayamos impuesto. Si pensamos que son irresponsables, maleducados o incluso peligrosos, esta imagen incidirá negativamente en nuestra labor sanitaria y toda acción preventiva se verá abocada al fracaso. Por otro lado, si partimos de la base de que son irrecuperables nosotros mismos estaremos bloqueando nuestra labor profesional.
Con esta forma de actuar aumentaremos la ya marcada marginalidad de este tipo de pacientes.
Si por el contrario, nuestra percepción nos permite una visión más abierta y comprensiva, aceptando que se trata de un paciente más - de un paciente crónico más - nuestra actuación se verá reforzada y evitaremos encontrar el rechazo previsible de una persona desconfiada, acostumbrada a las malas caras y a la marginación casi constante.
No podemos olvidar que, según las teorías actualmente aceptadas, muchos de los UDVP son en realidad enfermos con determinados trastornos fisiopatológicos que les inducen al consumo de determinadas sustancias, hoy por hoy ilegales. Esto no supone, por supuesto, negar la existencia de los factores ambientales en el desarrollo de las toxicomanías, sino reconocer la complejidad de este problema y la inexistencia de una solución única aplicable a todos los afectados.
2.- ¿POR QUE DEBEMOS ATENDER A LOS UDVP?
Llegados a este punto, podemos preguntarnos qué motivos existen para que el farmacéutico/a atienda al toxicómano.
Si analizamos el problema de una manera global podemos descubrir cuatro grandes motivaciones:
2-1- La situación actual de la farmacia comunitaria
a) La ya mencionada proximidad y accesibilidad a los usuarios. Una situación privilegiada en primera línea del sistema sanitario que convierte a las oficinas de farmacias en puntos “ineludibles” para este tipo de pacientes. Querámoslo ó no, se acercarán en busca de aquello que necesiten: jeringuillas, medicamentos, información…
b) La importancia del farmacéutico comunitario como profesional sanitario que informa y educa personalmente a todos sus pacientes. Son aspectos esenciales de esta labor promover un cambio de actitud en los comportamientos de riesgo y fomentar el uso racional de los medicamentos y los recursos sanitarios.
2-2 El papel del farmacéutico en la salud pública
Por otro lado, la OMS, en su 47 asamblea celebrada en Ginebra en 1984, reconoce que “el farmacéutico puede desempeñar una labor decisiva en la salud pública” y así exhorta a los farmacéuticos a que, “promuevan, en colaboración con los demás profesionales de la salud, el concepto de asistencia farmacéutica y participen activamente en la prevención de enfermedades y en la promoción de la salud”. Como ya ha demostrado la experiencia, la participación de los farmacéuticos en los programas de asistencia a UDVP son decisivos para la salud pública, suponen la participación activa en la prevención de enfermedades y son, al menos en algunos casos, una magnífica oportunidad de integrar a los farmacéuticos en los equipos de atención primaria a los que pertenecen.
2-3 El problema social de las toxicomanías
Los toxicómanos en general y los heroinómanos en particular, suponen,además de un grave problema sanitario, debido a las enfermedades asociadas y muy especialmente al SIDA, un notable problema social, siendo misión de toda la comunidad el colaborar en solucionarlo. El farmacéutico, como miembro de la misma, tiene que asumir su correspondiente cuota de responsabilidad.
2-4 Las consideraciones económicas
Observando el problema desde otro punto de vista y adoptando -por qué no decirlo, una actitud puramente economicista- no parece que la farmacia pueda permitirse el lujo de “perder” ningún tipo de pacientes, y no lo olvidemos, en este caso se trata de grandes consumidores de medicamentos. Además este tipo de programas, o al menos algunos de ellos, pueden suponer, como veremos más adelante, la introducción de nuevos sistemas de remuneración a los farmacéuticos. Rompiendo con el tradicional pago por margen sobre los medicamentos e introduciendo el pago por servicio farmacéutico que supone un claro reconocimiento de nuestra labor profesional.
Por todo esto, es nuestro deber profesional afrontar el problema y garantizar a los UDVP una atención sanitaria en las mismas condiciones que al resto de nuestros pacientes.
3- OBJETIVOS RAZONABLES PARA UN PROGRAMA.
Hasta hace unos años, el objetivo primordial de cualquier programa sanitario dirigido a UDVP era la ABSTINENCIA, es decir, lograr que todos los participantes abandonaran la drogadicción. No se tenía en cuenta las opiniones de los afectados a los que se consideraba más delincuentes que enfermos.
A lo largo de los años en los que se han desarrollado este tipo de programas se ha podido apreciar que muchos UDVP no se sienten atraídos por ellos, pues no les interesa esa ambiciosa meta. No aceptan como suyo el “deseo de abstinencia de los profesionales”. Por otra parte, muchos de los que comienzan este tipo de programas los abandonan, con lo que el porcentaje de éxitos es muy bajo, de manera que resulta imposible solucionar así el problema de los UDVP.
En la actualidad, contemplamos la drogadicción bajo un prisma más amplio. Paradójicamente, el único denominador común que encontramos en los diferentes colectivos de toxicómanos es, precisamente, su heterogeneicidad. Este problema afecta a poblaciones muy diferentes con un grado de impacto muy distinto. Cada paciente afectado tiene una circunstancia diferente y las simplificaciones no sólo son difíciles, sino incluso peligrosas.
Por tanto, es necesario ser realistas y pragmáticos, y, en base a una mentalidad abierta estar dispuestos a una continua adaptación a las nuevas realidades y exigencias. Esta filosofía ha supuesto cambiar los objetivos de los programas y adoptar una estrategia de REDUCCION DE RIESGOS.
Se engloban en esta estrategia todos aquellos programas y servicios, tanto médicos como sociales, encaminados a minimizar los efectos negativos asociados a la forma de consumo de las drogas.
Estos programas deben adaptarse a la realidad y necesidades del UDVP. El primer gran objetivo es ahora CONTACTAR y, si es posible, empatizar con el UDVP. Una vez conseguido este vínculo de relación inicial, se plantean otros objetivos, como conseguir que adopten hábitos de vida más saludables que disminuyan los daños que ocasiona su situación actual.
Es importante reseñar que los programas han de ser atractivos y fácilmente accesibles a sus destinatarios. También se consideran útiles programas que sin conseguir la abstinencia de ninguno de sus participantes, les permiten abandonar el uso de la vía parenteral o, simplemente, evitan la presencia de jeringuillas usadas en las calles.
4- QUE TIPO DE PROGRAMAS PUEDEN DESARROLLARSE.
Una política sanitaria coherente y eficaz debe plantearse diferentes estrategias en el campo de las drogodependencias:
1- disminuir la entrada en la toxicomanía.
2- disminuir los riesgos asociados al consumo.
3- favorecer la salida de la toxicomanía.
Estas tres estrategias no son contradictorias sino complementarias, puesto que existen muchos tipos de pacientes y con cada uno de ellos deberá plantearse un objetivo diferente.
4-1.- Actividades dirigidas a disminuir la entrada en la toxicomanía.
A nivel preventivo podemos adoptar medidas inespecíficas, encaminadas a mejorar las condiciones de vida, la higiene y el nivel cultural, mediante programas de información, divulgación, y/o concienciación orientados a hacer de la salud un bien preciado individual y colectivamente. Para ello pueden utilizarse carteles, dípticos, comics y otros soportes que vayan siempre acompañados del consejo verbal del farmacéutico/a. Estas actividades pueden incluírse dentro de otras más complejas o dirigirse específicamente a determinados colectivos con los que se estén desarrollándo otros programas a través de las farmacias, como por ejemplo la recogida de jeringuillas o la distribución del Kit antisida. También pueden dirigirse al público en general basándose en el gran de porcentaje de población que acude con cierta regularidad a las oficinas de farmacia; un buen ejemplo de esto son las campañas auspiciadas por el Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos
4-2.- Programas encaminados a disminuir los riesgos asociados al consumo.
Para analizar este punto, nos basaremos en la experiencia que venimos desarrollando las oficinas de farmacia en la Comunidad Autónoma Vasco desde hace casi siete años, e iremos comentando la evolución progresiva de los diversos programas.
4-2-1 Programa del Kit antisida.
Para comenzar nos situaremos en Noviembre de 1989, fecha en la que se pone en marcha el programa del Kit Antisida, el primero de los dirigidos a UDVP desde las farmacias comunitarias. Los objetivos del mismo fueron (y siguen siendo) los siguientes:
1- Evitar el uso compartido de jeringuillas.
2- Fomentar el uso del preservativo entre los UDVP.
3- Evitar que las jeringuillas desechadas supusieran un riesgo para el resto de la población.
4- Crear una vía de COMUNICACIÓN CON EL TOXICÓMANO que permita el INTERCAMBIO DE MENSAJES DE EDUCACION SANITARIA.
En el kit se incluía, además de la jeringuilla, el envase de plástico indeformable, el preservativo, (posteriormente se ha añadido una toallita de alcohol isopropílico y una ampolla de agua bidestilada), y un folleto informativo sobre los riesgos del uso inadecuado de las jeringuillas. (En la actualidad el folleto informativo se ha sustituído por mensajes sanitarios impresos en el propio envase ).
Fué precisamente el último de los objetivos -crear una vía de comunicación- el primero que comenzó a dar sus frutos. Muchos farmacéuticos comenzamos a escuchar a los toxicómanos, a comprender sus inquietudes y a descubrir sus necesidades. Poco a poco el Kit comenzó a tener sentido, los drogadictos comenzaron a apreciarlo y aumentó su demanda en las farmacias. Además, los UDVP empezaron a ver al farmacéutico como un profesional que parecía preocuparse e interesarse por su situación. El primer puente ya estaba tendido: EL CAMBIO DE ACTITUD DEL PERSONAL SANITARIO GENERO UN CAMBIO EN EL USUARIO (TOXICÓMANO). Se produjo una disminución clara y evidente de la conflictividad.
Ventajas Desventajas
Gran accesibilidad
Sencillez
Rapidez con la que se realiza Contacto escaso y fugaz con el UDVP
Retención variable.
Mensajes sanitarios necesariamente reducidos .
Tabla I - Programa del Kit antisida
4-2-2 Programa de intercambio de jeringuillas
La buena aceptación del Kit, la accesibilidad de las farmacias y su condición de centros sanitarios, así como las positivas experiencias en otros países, llevaron en noviembre de 1992 a poner en marcha un Programa de Intercambio de Jeringuillas (PIJ). Este se planteó como continuación del Kit antisida, con el objetivo de “minimizar los riesgos de infección por VIH en UDVP, facilitándoles el material de inyección y evitando su uso compartido”.
Este programa fue diseñado por los profesionales del plan del SIDA en colaboración con los farmacéuticos voluntarios participantes. En él, se sitúa como pieza clave la propia figura del farmacéutico/a como profesional sanitario que informa y educa personalmente a los toxicómanos, a fin de promover un cambio de actitud en sus comportamientos de riesgo.
Básicamente, consiste en el cambio por parte del farmacéutico/a de una jeringuilla usada por un kit nuevo. Para ello se cuenta con un contenedor de plástico rígido introducido en una papelera de pedal. Para evitar pinchazos ó accidentes es ABSOLUTAMENTE IMPRESCINDIBLE que la jeringuilla a intercambiar esté introducida en el envase de plástico indeformable, y que sea introducida por el propio usuario en el contenedor; tras lo que se le entrega un nuevo kit antisida gratuito por cada uno usado. La localización del contenedor y el horario de intercambio son decisión de cada farmacéutico, en función de la infraestructura y actividad de la farmacia. Todos los participantes coincidimos desde el primer momento en que era recomendable que se encontrara en un lugar de fácil acceso para el UDVP y no molestara a otros clientes.
La información que facilitamos los farmacéuticos se basa en pequeños, precisos y reiterados mensajes de educación sanitaria: “ya sabrás que compartir la jeringuilla con tu colega puede contagiarte el sida”, “utiliza una jeringuilla para cada pico” , “ no utilizar preservativo tiene el mismo riesgo que compartir una jeringuilla”, etc.
En la mayoría de los casos, algún día comienzan a hablar, saben de nuestra predisposición. Ese es el momento para incidir en la importancia de nuestros mensajes , de poder derivarles al sistema sanitario, de animarles a realizarse las pruebas, de informarles sobre los programas de mantenimiento ó los de desintoxicación,…o simplemente escuchar sus demandas y problemas .
En el momento de la preparación del programa fueron varios los interrogantes sobre la viabilidad del mismo a los que sólo la experiencia ha ido dando respuesta.
Las dudas sobre las alteraciones del funcionamiento de la farmacia o las reacciones del resto de los usuarios pronto se resolvieron favorablemente. El asombro de algunos clientes ante “el regalo de la jeringuilla” pronto se convierte en una actitud receptiva y de apoyo tras explicarles los objetivos del programa. La propia actitud de los UDVP es cada vez más amistosa y dialogante. Se da un mayor grado de COMUNICACIÓN Y ENTENDIMIENTO y perciben al farmacéutico como un profesional sanitario al que demandan todo tipo de información. Por último, hemos observado que un número considerable de UDVP participantes en el programa de intercambio de jeringuillas comienzan a preocuparse por su salud, decidiendo acceder a programas de mantenimiento o incluso a programas libres de drogas.
Sin duda, la principal consecuencia de esta positiva respuesta de los UDVP, ha sido la TOTAL AUSENCIA DE CONFLICTIVIDAD durante todo el transcurso de la experiencia, en todas y cada una de las farmacias que, de modo voluntario, participamos en ella.
4-2-3 Programa de mantenimiento con metadona.
El propósito del mismo es prestar cobertura asistencial en oficinas de farmacia al colectivo de UDVP, minimizando los daños que su comportamiento produce. Entre los objetivos específicos podemos citar:
1. La mejora de la salud de los pacientes, haciendo especial hincapié en:
a. disminución de muertes por sobredosis e intoxicaciones.
b. prevención de enfermedades transmisibles:VIH, VHB, de transmisión sexual...
2. La modificación de sus hábitos de consumo, así como de sus prácticas de riesgo, posibilitando su integración social y facilitando su inclusión en programas de desintoxicación.
Su puesta en marcha, en febrero del 96, está motivada por la enorme demanda de usuarios del mismo -interminables listas de espera- así como ayudar a la descentralización del mismo. De hecho, hasta la entrada de las farmacias en este plan, muchos pacientes se veían obligados a realizar incómodos desplazamientos que llegaban a comprometer la retención en el programa. También propiciaba la aglomeración en los alrededores de los mismos, de gran cantidad de UDVP que constituían un atractivo para traficantes de droga y un foco de alarma social.
La participación de los farmacéuticos está también motivada por el convencimiento de que la farmacia debe seguir siendo el lugar donde los pacientes ambulatorios reciban los medicamentos que necesitan.
Actualmente, cuando el psiquiatra considera que un paciente ha conseguido el grado de estabilidad requerido para continuar su tratamiento en la farmacia, se pone en contacto con el farmacéutico para fijar la fecha de comienzo del mismo. A partir de entonces y tras una entrevista farmacéutico-usuario en la que se fijan las horas a las que este acudirá a la farmacia, el farmacéutico asume la responsabilidad de la supervisión del tratamiento, a lo largo del cual permanece en estrecho contacto con el mencionado psiquiatra, al que informa regularmente de su desarrollo. Es de destacar que casi la totalidad de los pacientes de este programa participaron en otros, como los ya mencionados del kit antisida y/o el intercambio de jeringuillas.
El paciente acude diariamente a la farmacia a recibir su dosis de medicamento, que debe ingerir en presencia del farmacéutico. Nuestro trabajo es, en cierto modo, una síntesis de la actuación profesional farmacéutica, puesto que incluye desde aspectos galénicos hasta la asunción de responsabilidades sobre la correcta administración del medicamento.
Además, consideramos que es un importante paso adelante en la mejora de la relación entre farmaéuticos y médicos y un avance en la integración de las farmacias en las estructuras sanitarias que recomienda la OMS. Brindándonos una oportunidad para acercar nuestra actuación profesional a la filosofía de la ATENCIÓN FARMACEÚTICA y de esta forma, renovar la profesión reforzando la figura del farmacéutico en la sociedad.
Hasta ahora, la participación ha cubierto las expectativas más optimistas -sólo en Bizkaia se han acreditado más de 90 farmacias- y el desarrollo del mismo no ha planteado ningún incidente digno de mención .Antes al contrario, son varios los compañeros que se han visto favorablemente sorprendidos por la actitud de sus pacientes.
Otro aspecto importante de este programa es que inaugura un nuevo modelo de relación con la Administración. Así, el sistema de remuneración no se basa, como hasta ahora, en un margen sobre el medicamento dispensado, sino en un pago por el servicio farmacéutico. Quién sabe qué nuevas experiencias de futuro pueden tener su base en este programa.
4-3 Actuaciones dirigidas a favorecer la salida de las toxicomanías.
Las actuaciones que puede desarrollar el farmacéutico en este campo son principalmente campañas similares a las citadas en el punto 4-2. Sin embargo, éstas serán más eficaces si van dirigidas a los UDVP que tienen ya un cierto grado de confianza con el farmacéutico. Si bien la comunicación verbal que acompaña a la entrega de un folleto es un factor imprescindible en cualquier campaña que quiera ser eficaz, en estos casos es, si cabe, aún más trascendental. También es importante el apoyo que desde la perspectiva del profesional sanitario podemos aportar a aquellos de nuestros pacientes que estén participando en programas libres de drogas u otros tratamientos de este tipo.
3.- CONCLUSIONES
Los farmacéuticos comunitarios podemos desempeñar un papel importante en la atención de los UDVP por nuestra proximidad, accesibilidad y cualificación profesional.
La participación en estas actividades es una forma más, y una de las más llamativas, de demostrar el valor de la farmacia comunitaria, así como una magnífica oportunidad de integrar a los farmacéuticos en los equipos de atención primaria.
Deben desarrollarse simultáneamente programas con tres propósitos diferentes: disminuir la entrada en la toxicomanía, disminuir los riesgos asociados al consumo y favorecer la salida de la toxicomanía.
Participando en estos programas, el farmacéutico consigue establecer una adecuada relación asistencial con los UDVP que conduce a la eliminación de la conflictividad y permite comunicar mensajes de educación sanitaria, a fin de promover un cambio de actitud en sus comportamientos de riesgo.
Bilbao, Abril de 1996
AUTORES
Joseba Ruiz Golvano, Farmacéutico Comunitario.
Juan del Arco Ortiz de Zárate, Farmacéutico Centro de Información del Medicamento de Bizkaia.
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